La disolución del concepto de familia (y III)

por | Jun 11, 2014 | Artículos, Noticias

manipulation5Normalmente hoy, como siempre, los chicos y las chicas quieren casarse y para siempre. O les ilusiona hacerlo y tienen mucho miedo y no lo hacen, pero sigue ilusionándoles. Y normalmente la gente quiere tener niños a partir de determinada edad, pero muchos de nuestros contemporáneos ya no saben cómo articular la complementariedad hombre-mujer, porque no van al matrimonio respetuosos de su sexualidad y la del cónyuge volcadas y abiertas al otro y a la vida, sino que van al matrimonio con el prejuicio arraigado en su cuerpo y en su alma marchita de que es un juego de dos egoísmos que se complementan, y en el fondo convierten las relaciones sexuales en un juego de doble masturbación, donde no hay verdadero amor y apertura a la vida; y así no hay quién construya un matrimonio. Porque el matrimonio es mucho más que eso; presupone obviamente la dualidad hombre mujer, presupone obviamente la maravilla del placer sexual, pero presupone también la entrega, la complementariedad personal, la apertura ilusionada a dar vida. El sexo no es puro género en el ser humano, no es un rol cultural cambiante y cambiable. La sexualidad es afectividad, espiritualidad, corporalidad, amor, vida, esperanza; y si no es todo eso a la vez, no es humana. Y cuando alguien quiere vivir una sexualidad que no es humana, no logra hacer algo tan humano como la familia. Y por eso me temo que fracasan tantos matrimonios como sucede hoy día. No porque haya menos afán de matrimonialidad, o de conyugalidad que en otras épocas; sino porque muchos van al matrimonio sin aclararse sobre sí mismos, habiendo empequeñecido, prostituido literalmente la dimensión “conyugable” de su personalidad que se basa en la sexualidad; y aunque quieren, no saben. Se han inhabilitado para amar, para donarse, para abrirse a la vida.

Si tengo razón en esto, y vuelvo para acabar mi intervención a lo que nos planteaba Elio Gallego al principio de esta mesa redonda citando palabras de McIntyre, el problema de nuestra época no son las superestructuras ni las leyes ni la política, caducas o no, muertas o no muertas (aunque parece bastante claro que estamos viviendo un fin de civilización). El problema de nuestra época es la regeneración moral de la conciencia y el corazón de nuestros contemporáneos. Y esto es muy ilusionante, porque eso sí está en nuestras manos. Si el problema de nuestra época fuese el esfuerzo estructural por cambiar las estructuras políticas del mundo, podría pensar que en mis manos no está tan hercúlea posibilidad; no sé como se hace eso. Ahora bien, ayudar a mi hijo a volver a arraigarse en esa buena tradición del humanismo cristiano occidental, sí está en mis manos. Ayudar a mi hijo a valorar su sexualidad sí está en mis manos. Hacer presente en el debate público esta visión digna de lo humano, está en mis manos. El éxito de mis esfuerzos Dios sabe cuál será, pero yo puedo escribir y hablar y participar en debates y no callarme. Y puedo, cuando estoy con mis amigos hablando de sexo, de matrimonio y de aborto, dar criterio sobre las cosas. Me harán caso o no, esa es la libertad humana.

Creo que nuestra época necesita una revolución sobre lo humano, que no es volver a ninguna época pasada, porque es imposible, pero sí es actualizar y hacer presente, con un lenguaje atractivo, moderno y comprensible, la mejor sabiduría sobre lo humano que hemos  recibido, y hacer que resulte comprensible y atractiva para la gente que nos rodea. Y esto ha de hacerse con la ilusión de que así s5bbayudamos a quienes nos rodean a ser felices, que no defendemos esta visión buena de lo humano porque seamos de una escuela filosófica y queramos convencer a todo el mundo para que se apunten a nuestra escuela, sino porque sabemos, porque lo vivimos en nuestra vida, que viviendo así hay altísimas posibilidades de ser profundamente feliz; y como queremos que la gente a la que amamos sea feliz, tenemos que transmitirles la vieja sabiduría que les va a ayudar a ser felices. Y por esto nos preocupa la educación; y por eso convertimos a la familia en un nicho transmisor de verdad, y nos preocupamos de educar en familia, y nos preocupa cuando alguien desde fuera, -por ejemplo, desde el poder político-, quiere interferir negativamente en ese proceso de transmisión de seguridades vitales que hacemos en la familia. Y por eso nos preocupa que en nuestra sociedad se valore la vida, porque sólo valorando la vida podemos valorar la sexualidad y la familia, y quien valora la sexualidad y la familia valora la vida. Y por eso una sociedad que se acostumbra a la muerte no puede comprender la familia, porque la razón social de la eficacia pública de la familia es dar vida. Y ahí están todos los grandes temas de nuestra época.

Concluyo: creo que si queremos ayudar a mejorar nuestra época, lo primero que debemos hacer es dar testimonio con nuestra vida feliz y sonriente, de que viviendo como nosotros decimos que hay que vivir, viendo las cosas como nosotros decimos que las vemos, se puede ser muy feliz. Porque el ser humano es un bicho muy singular, un bicho que no puede no querer ser feliz; es imposible. Por tanto, el ser humano cuando ve a la gente feliz, se siente atraído, quiera o no. De esta manera, las vidas felices son muy atractivas para todos, antes o después. Son un foco de atracción, llevan a que la gente piense en un momento u otro: “quiero ser como ese”. Si hacemos visible a nuestro alrededor lo que llevamos en el corazón, siempre que esto sea la buena sabiduría sobre el ser humano, podemos ayudar a la gente a mejorar profundamente. Y si además ratificamos ese testimonio de la felicidad personal con palabras razonadas y razonables, completamos el círculo de la revolución educativa de los demás que es nuestra misión y nuestra responsabilidad: ayudar a todos a descubrir en qué consiste ser un ser humano.

Educamos a todos los que se ponen en contacto con nosotros en la vida, incluso aquellos cuyos nombres no conocemos; se educa con la sonrisa, con un “gracias”, con una palabra de afecto, con la comprensión hacia el que sufre, y por supuesto se educa con más eficacia en  la intimidad de los cariños personalizados, donde se habla con más  profundidad de las cosas porque se conoce más íntimamente a las personas. La educación es un círculo dialéctico de palabra y ejemplo, de conducta y discurso. Una palabra que no es avalada por el ejemplo no es creíble; un ejemplo que no es teorizado por la palabra, da poco de sí. Si vivimos de forma coherente a como pensamos y damos una razón razonada de nuestras convicciones sobre cómo vivimos a los que nos rodean, nos podemos convertir todos y cada uno en una fuerza revolucionaria que cambie la Historia. Esta es la clave intelectual de la forma de actuar del Foro de la Familia: una gran movilización de ciudadanos responsables dispuestos a “hablar bien de las cosas buenas” (este es nuestro lema) en todas las circunstancias de la vida y capaz de movilizarse para reflejar sus convicciones ante toda la sociedad haciéndose presente en la vida pública a través de los cauces que permite una sociedad democrática.

s6bbEn este esfuerzo responsable por hacer el bien contamos con una ventaja propia de la  condición humana: que en cada generación hay que recrear lo humano. Nada está dado. ¿El mundo va a mejor o peor? Dependerá de ti y de mí. Si hacemos muchas cosas buenas hoy, y ayudamos a ser buenos a muchos a nuestro alrededor, el futuro será halagüeño a corto plazo. Si somos comodones, cobardones y estupidillos o inconscientes,  el mundo tiene un futuro muy poco halagüeño. Pero esto está en nuestras manos.

Estamos en un momento en el que no faltan motivos para ser optimistas; un momento en el que quienes somos depositarios de la vieja sabiduría sobre lo humano –porque alguien nos la ha transmitido, no porque seamos más listos o más buenos que los demás-, debemos sentir una especial exigencia para ser históricamente responsables con valentía, transmitiendo lo que hemos recibido: que la verdad sobre lo humano es asequible, que la razón es fiable, que el mundo es razonable, que merece la pena tener la humildad de reconocer que somos criaturas, que no nos creamos a nosotros mismos y que, supeditándonos a lo que somos, nos convertimos en una potencia maravillosa de felicidad para nosotros mismos y para los demás.

Muchas gracias.

Jornadas sobre familia en el CEU.

29 de septiembre de 2012.

Ponencia de  Benigno Blanco.

La disolución del concepto de familia (I)

La disolución del concepto de familia (II)

 

Foro Familia