Cómo la familia hace posible el crecimiento económico y el estado del bienestar

por | Jul 13, 2015 | Noticias

fichero_31065_20150710«Vivimos algo más que las secuelas de una gran crisis económica mal resuelta. Estamos sumergidos en una acumulación de dinámicas destructivas y la económica es solo su última manifestación. Vivimos en el plano inclinado del hundimiento demográfico […] y sufrimos los estragos de la desigualdad y la pobreza creciente, que ya eran bien perceptibles antes de la crisis, solo que ésta actúa como una lente de aumento».

Al mismo tiempo, «Europa tiene problemas de crecimiento y Alemania impone una política económica rara que solo se explica en el contexto de una sociedad envejecida, una gerontocracia», y padecemos un «envejecimiento extremo, causado, no tanto por la esperanza de vida -que puede influir entre un 25 % y 30%- sino por la insuficiente natalidad, que determina el resto del porcentaje».

La descripción de este escenario surge del estudio ‘Aproximación a la función económica de la familia en el crecimiento y el bienestar’, elaborado por Josep Miró i Ardèvol y patrocinado por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), que lleva a preguntarse qué alternativas hay al actual planteamiento de las administraciones ante esta situación de crisis del estado del bienestar.

 

El potencial de la familia

«Si comienzo afirmando que una nueva concepción económica del crecimiento, una nueva Economía Política de la transformación social, puede construirse a partir de la familia, tal aseveración será entendida como extraña o quizás exagerada. Sostengo que no es así, sino que responde al potencial de una realidad», señala Miró en el estudio.

Está claro que «no existe una sola solución para todo esto, pero sí hay enfoques globales, sistémicos y eficientes, y otros que no lo son. El que propugno lo es y se basa en ser consecuentes con lo que sabemos sobre los fundamentos del crecimiento económico, del bienestar; del desarrollo económico y social, en definitiva», sigue.

El problema de fondo es que «la concepción actual sobre el crecimiento económico y sobre las condiciones que hacen posible el estado del bienestar no contempla en toda su dimensión la aportación que hace la familia. Es decir, las funciones económicas que la familia realiza», asegura.

Así las cosas, hay que asumir «con realismo el papel que en todo ello tiene la familia -junto con otras instituciones- para salir del maldito embrollo. Con ella sola no bastará, pero sin ella, en las condiciones concretas de lugares como España y Europa, será imposible», añade.

Pero, ¿cuáles son las funciones que la familia puede llevar a cabo para mejorar la economía y, de forma más precisa, el crecimiento económico y el sistema del bienestar?

 

El freno, «dos razones ideológicas»

Antes de responder a esta pregunta, Miró i Ardèvol explica en su estudio que el hecho de que «a estas alturas no se haya percibido con claridad la función de la familia en la actividad económica y en el logro del bienestar, se debe, sobre todo, a dos razones ideológicas».

«Una, fruto de la teoría económica imperante. Otra, derivada de la ideología que, a partir de la segunda mitad del siglo pasado, ha impregnado hegemónicamente la relaciones interpersonales, también -mejor dicho, sobre todo- las sexuales, convirtiéndolas por primera vez en la historia de la humanidad en un ideología política», aclara.

La concepción económica hegemónica obedece a un marco de referencia filosófico, el individualismo, que considera que «la esencia del ser humano es la libertad basada en la autonomía que expresa una independencia de todo aquello que no surja de la propia autonomía».

Así, «el individuo define, gracias a la autonomía, sus intereses particulares, cuyo fundamento es la propia individualidad»; mientras que «la sociedad es solo un conjunto de relaciones utilitarias entre individuos, un medio para maximizar los intereses individuales y, en este sentido, las leyes se justifican en sus restricciones para facilitar aquella maximización». Bajo este enfoque, la función económica de la familia se percibe como residual o muy parcial, en el mejor de los casos.

En cuanto al segundo factor de «ceguera, es esencialmente ideológico y está fuera de la economía, pero influye en sus decisiones porque es fuerte en el terreno político. Se trata de laideología sobre la familia que emana de la perspectiva de género«.

Una ideología que «quiere generalizar lo que es excepcional, legislar para la totalidad desde la singularidad, y eso impide reconocer la importancia decisiva de la familia compuesta por un hombre y una mujer generadores de descendencia».

«La suma de la concepción económica hegemónica más la ideología de género en el ámbito cultural explican el limbo teórico y la confusión que impera en las políticas públicas de la familia. El resultado perjudica a toda la sociedad», concluye en este apartado del estudió Miró.

 

Siete funciones insustituibles

A partir de este planteamiento, el autor del estudio nos recuerda las siete funciones insustituibles de la familia que generan un crecimiento económico que, a su vez, hace posible el estado del bienestar.

1. La primera y determinante función de la familia es la existencia de un vínculo estable, es la condición necesaria que garantiza todas las demás. Un vínculo estable al que llamamos matrimonio.

2. Una segunda cuestión fundamental de la familia es su capacidad de tener descendencia, con independencia de las condiciones de renta del país.

3. En tercer lugar se puede halar de la capacidad de la familia de educar en términos positivos a esta descendencia, que es el fundamento necesario del capital humano.

4. La propia capacidad de la familia, matrimonio e hijos, de generar externalidades positivas, es decir de generar un bien, un beneficio o un servicio que se hace, o no, pero que en ambos casos beneficia a terceros y a la sociedad en su conjunto. El capital social es una de sus expresiones.

5. La familia es el núcleo natural donde se origina el capital social y el capital humano. A partir de esta premisa, la sociedad lo aprovechará en mayor o menor medida, en función del sistema educativo o de cómo lo aproveche el sector empresarial, por ejemplo.

Así, el capital humano y el capital social es generado a partir de la familia; y es elaborado y transformado por el resto de la sociedad.

6. Otro elemento ligado a la familia es la existencia de una red familiar que, a su vez, también favorece el capital social. Cabría citar aquí la importancia que la red familiar ha tenido en todos estos años de crisis, haciendo de ‘colchón’ de aquellos miembros afectados por el paro, entre otras situaciones de exclusión social.

7. El efecto dinástico, es decir la relación de parentesco que se da a través del tiempo y que es una concepción que facilita que las sociedades puedan adoptar medidas a medio y largo plazo. Puede que no beneficien directamente a la familia actual, pero si a las venideras.

 

El efecto dinástico favorece a una sociedad moderna por ejemplo en cuanto a la inversión en ciencia, o determinado tipo de infraestructuras que tienen retorno a largo plazo. La sociedad mejora si se piensa así más que si se piensa solo en el términos de vida propia.

 

Todas estas funciones están básicamente relacionadas con la estabilidad familiar, es decir sin ruptura, que es la causa principal de empobrecimiento de muchas familias. Y sin duda inciden sobre los factores de crecimiento y bienestar económico, algo que a su vez ayuda a mantener el sistema público de pensiones, entre otros beneficios concretos.

 

El estudio relaciona cada una de las funciones con los factores del crecimiento que han desarrollado las distintas escuelas; neoclásica, de crecimiento endógeno, y neoinstitucional, entre otras.

 

Este enfoque permite determinar como actúa la familia y en qué medida favorece el crecimiento. Asimismo, considera las condiciones básicas del estado del bienestar, y cómo incide la familia en ellas.

 

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